Pues es cierto, hay momentos en la vida donde realmente uno se puede sentir pleno. Esta bien, no quiero ser un optimista en extremo pero ciertamente estoy viviendo una nueva vida que me esta gustando mucho. Aquí estoy de nuevo en Madrid. Todo lo que me acongojaba ahora esta resuelto; sin embargo existen algunas cosas que todavía me dan vueltas por la cabeza.
No cabe la menor duda que he tenido mucha suerte. Cuando llegué nunca supe el destino que pudiera llegar a tener en mi cruzada pero la buena estrella del rocanrol sigue alumbrando mi camino. Encontré un buen piso donde vivir; Madrid me recibió con los brazos abiertos e inclusive encontré una manera de reinsertarme en la vida académica: estoy iniciando un Máster sobre la Unión Europea y las Relaciones Internacionales.
La ola madrileña me absorbe poco a poco y con el transcurso de los días, mi vida se adhiere a la cotidianidad de las personas que habitan a la ciudad que descansa en la ribera del Manzanares. Sigo siendo un extranjero, pero existen ciertas personas que hacen que sienta esta ciudad como si fuera mía. Es un sentimiento vago, ilusorio pero hasta cierto punto real. Ese fue uno de los motivos por los que regresé a Madrid, esta ciudad, se ha convertido en un lugar del mundo donde me siento como si estuviera en mi casa. En esta ciudad he vivido mis mejores años de juventud.
No exagero al decir estas cuestiones pues estos días rebasan con creces las épocas de la Eleonor, los de la Monster Truck o el reinado de Cecilia I. Esta ciudad siempre me ha brindado lo mejor. Aquí fue donde empece a sentir que las letras me llamaban y por eso mismo regresé, para ver si podía empezar a escribir un poco más y mejor. Resultado de mi búsqueda de la panacea de la creatividad: dos páginas.
Sequía. Erosión de ideas. Bache creativo (o a lo mejor nunca tuve creatividad ¿será?). Confusión de ideas. Falta de estilo. Estupidez e impotencia literaria. Es como estar en la gran batalla de Trafalgar y descubrir que a la hora de encarar al enemigo se carece de la pólvora que se quedó olvidada en el puerto.
Lo que me consuela puede ser que he estado muy abrumado desde que llegué a las tierras ibéricas. Primero por todo el sainete de la llegada del avión, el reencuentro marmotesco, la preocupación de la operación de Doña Streisand, la reinaguración de la fiesta madrileña 2005, la búsqueda de un departamento para compartir y finalmente la formalización de la Maestría que apenas se resolvió el lunes de la semana pasada.
De acuerdo al argumento de la defensa podemos descartar la serie de cuestiones donde se mencionan los motivos que convirtieron a mi cerebro en un berenjenal. Creo que ha sido difícil esta llegada y ahora es tiempo de encontrarle de nuevo el sentido por el que me vine para acá.
Acabo de leer la novela de Vila-Matas llamada "
París no se acaba nunca", en este libro se relata las peripecias de un escritor primerizo qeu buscaba poder terminar una novela para la cual se preparaba con una vida diaria de bohemio existencialista. La verdad me enterneció mucho la novela. Siento que me identifique con el personaje y su única certidumbre: el saber que lo único seguro que tiene es el fracaso.
Hasta ahora todas las musas andan de fiesta y parece ser que vendrán hasta navidad las muy putas; sin embargo creo puede influir el hecho de que cuando me llamaban no les atendía y me dedicaba a contemplar a la Marmota o vivir en el relajo madrileño.
Así que, si alguien ve a las musas díganle que reconsideren su abandono y que les espero con ansiedad.
Hay más motivos para escribir y tenemos mucho tiempo; pero por favor regresen.
PD. Por motivos de fuerza mayor, me mudo a la siguiente dirección:
http://letraserviles.blogspot.com/Este blogg, esta oficialmente poseído. Ya no se puede publicar más.
Pero el Gran Solín sigue y sigue...